Educación en valores

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educar en valoresNuestros hijos deberían crecer como personas optimistas, entusiasmadas con la vida, capaces de ver la parte positiva de todas las situaciones cotidianas. Han de llegar a ser personas maduras, con personalidad, bien formadas, fuertes, pero humildes a la vez.

Nuestros hijos deben crecer seguros de sí mismos, con sentido de justicia, de capacidad de crítica y abiertos a los demás. Deben ser considerados comprensivos con los que les rodean, sin necesidad de pisotear a nadie para obtener ventajas, ni abandonar la lucha ante las primeras dificultades.

Han de vivir como personas libres y responsables en una sociedad en la que se necesita un resurgir de valores como la generosidad, el compañerismo, el optimismo, la ayuda, la alegría, la disponibilidad y la responsabilidad.

Existen una gran cantidad de valores que desarrollarse, pero en cada etapa de desarrollo, en cada edad, hay ciertos valores que se pueden adquirir con más facilidad.

ORDEN: El primer valor que el niño irá aprendiendo es el orden y la limpieza. El orden comienza a vivirse desde el primer día: en su horario, en las comidas, en el sueño, ropa, paseo…Más tarde se le puede exigir un cierto orden con sus cosas: juguetes, ropa, armario, cuentos…Hay que procurar que asemeje ordenar con jugar, pues de esta forma lo hará más a gusto. Para crear buenos hábitos higiénicos es recomendable marcarse un orden: lavado de cara y manos antes de comer y después de las actividades, baño diario, lavado de pelo tres veces por semana, etc.  Es importantísimo sobre todo al principio, el ejemplo y la dedicación de los padres.

OBEDIENCIA: Para que los niños sepan obedecer es necesario establecer unas reglas o normas familiares. Los niños han de tener claro:
– Qué se espera de ellos
– Qué pueden esperar cuando siguen las reglas.
– Qué sucederá si no lo hacen.

Se han de establecer unos límites bien puestos, lo que supone:

Dar una directiva simple, dar las órdenes de una en una, asegurarse de que comprenden las reglas.
Incluir las razones que motivan el límite.
Establecer las consecuencias si el límite es ignorado.

A la hora de establecer los límites, y para que éstos se cumplan, hemos de tener en cuenta que:

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– En primer lugar, los límites que se establecen han de ser apropiados y razonables. Eso supone adecuar nuestras expectativas a la realidad, a cada edad, a cada hijo (la idea de un cuarto ordenado que tienen nuestros hijos de 4 ó 5 años, es diferente a la nuestra). El hecho de fijar unos límites dan una cierta seguridad al niño.
– Es necesario asegurarse de que los límites se pueden cumplir y hay que controlar la puesta en marcha del límite o de la norma (si decimos que no se puede ver la tele después del cole, pero no estamos en casa hasta las ocho de la tarde, hay un periodo de tiempo que se nos escapa).
– Conviene fijar los límites de antemano: algunos serán reglas familiares (solo puedes tomar postre si te acabas toda la cena), otros se establecen cuando surge la necesidad (al ir de compras podemos advertir que no vamos ni a por juguetes ni a por chuches). Tanto los límites a corto plazo como a largo plazo se deben recordar de vez en cuando.
– Si explicamos a nuestros hijos las razones de los límites establecidos, fomentamos el desarrollo de cualidades morales y educamos de una forma más lógica y menos autoritaria.
– Es imprescindible ser coherentes, ir los dos a una, establecer tanto el padre como la madre reglas iguales y no “boicotear” las reglas del otro. A veces los padres tratan de compensarse uno a otro y si uno es muy estricto, el otro se vuelve más permisivo.
– Establecer reglas impersonales de manera que cuando surja el conflicto, sea entre la regla y el hijo, y no entre el padre y el hijo.
Ser lo más específico posible al poner un límite, incluyendo detalles pequeños: en vez de “silencio, no grites”, es mejor “no hables tan fuerte, pues tu padre está descansando”
Presentar las reglas en forma positiva. El uso del “no”, no deja claro lo que se espera de ellos, pero aprenden lo que no deben hacer: en vez de “si no ordenas tu cuarto, no podrás salir a jugar”, es mejor “cuando ordenes tu cuarto, podrás salir a jugar”
Utilizar ayudas no verbales que hacen que los hijos obedezcan: la distancia (no desde la otra punta de la casa, sino cerca del hijo y con él), la postura (cuanto más a su altura mejor, si es necesario en cuclillas), el tono de voz agradable en vez de amenazador), el contacto visual (mirar directamente al niño y asegurarse que él también nos mira).

FORTALEZA: La fortaleza es uno de los valores, junto con el orden y la obediencia, en los que más hay que insistir en estas edades. Consiste tanto en ser fuertes de cara a los obstáculos: caídas, acabar los trabajos, hacer lo que toca, etc., como en el tema de los caprichos: merienda, chuches, compras innecesarias, etc.

A la larga, la educación en estas virtudes hará que el niño valore más lo que tiene y que en un futuro se conforme con lo que tenga y sepa disfrutar de lo que le rodea, sea poco o mucho.
La fortaleza y la capacidad de esfuerzo son los cimientos de los demás valores. Más que proteger a los hijos para que no sufran se trata de acompañarles y ayudarles para que puedan superar el sufrimiento, mediante pequeños esfuerzos adecuados a su edad y madurez.

No hemos de quitarles los obstáculos si no ayudarles a que los superen y recogerlos en sus caídas. Es muy importante y resulta muy motivador el reconocerles y valorarles positivamente cuando se han vencido en algo que les resultaba costoso.

Para ayudar a nuestros hijos en la exigencia, el esfuerzo, sacrificio y fortaleza, podemos:
Plantear metas a corto plazo, concretas, diarias, que podamos controlar fácilmente: dejar la ropa doblada, recoger mis platos de la comida, irme a la cama la primera, esperar cuando mamá esté hablando con otra persona, etc.
Las tareas que nos propongamos han de suponer cierto esfuerzo, adaptado a las posibilidades de cada hijo, y tendrán una dificultad graduada y progresiva: primero vestirse solo, después vestirse colocándose las prendas con un cierto orden, después tardar cada vez menos tiempo, etc.
Establecer un horario, para hacer en cada momento lo que toca y no lo que me apetece: puntualidad al levantarse por las mañanas; primero lavarse, luego vestirse, luego desayunar, luego coger la mochila y el abrigo, luego ir al cole.

padre-con-hija-e-hijo_1308-3279LABORIOSIDAD: La educación de la laboriosidad consiste en que los niños se den cuenta de la importancia del trabajo bien hecho, terminado, aseado, sin engaños, con constancia. Hacer lo que toca en cada momento, porque lo tengo que hacer y de la forma más agradable.

SINCERIDAD: Para educar la sinceridad, ha de establecerse un diálogo entre padres e hijos. Con esto conseguimos crear un clima de confianza, evitando que los hijos hagan las cosas a escondidas. Al enterarnos por ellos mismos de su fechoría, podemos explicarles que eso no está bien, con lo que se crea una buena base para el día de mañana. Si se acostumbran a decir la verdad, porque viven en un ambiente de confianza, de mayores serán comunicativos y sabrán enfrentarse a cualquier situación dando la cara.

La educación de este valor consiste en hacerles ver y darse cuenta de que eso que han hecho no está bien y que con la mentira no se consigue nada. No se trata de recriminarles ni tacharles o etiquetarles de mentirosos al haberles pillado en un engaño o mentira.

GENEROSIDAD: Para hacer un niño generoso hemos de comenzar a educar su corazón cuanto antes. Se trata de inculcarle que la verdadera felicidad no está en tener muchas cosas, sino en compartir lo suyo con los demás. Durante toda la vida tendrá gente a su alrededor: en el colegio, en el parque, en sus estudios, es su trabajo, en su casa, etc. Con la que convivir. Compartirá juguetes, estudios, trabajo, material, aficiones, y realizará gran cantidad de actividades conjuntas con más compañeros, en las que cada uno es importante para la consecución de un resultado final: murales, trabajos en grupo, etc. Para llegar a ser feliz ha de darse a los demás y no pensar en uno mismo.

RESPETO: Otro de los valores que deben tenerse en cuenta en las primeras edades es el respeto. El niño a de respetar a los que le rodean, empezando por sus padres, hermanos, compañeros de clase. Ha de tener claras ciertas normas de convivencia para las personas más cercanas. Si en un futuro quiere que le tengan en cuenta, ha de empezar por respetar a los que le rodean, esperando su turno, escuchando a los demás,, etc.

 

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