El esfuerzo: La lección de la mariposa

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mariposas-monarca-800x375Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó y observó por varias horas como una mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Entonces, pareció que ella ya no lograba ningún progreso. Parecía que ella había ido lo más lejos que podía en su intento y no podía avanzar más.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y cortó el resto del capullo, con lo que la mariposa salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas de ella se abrieran y se agitarían para ser capaces de soportar el cuerpo, el que a su vez, iría tomando forma.

¡Nada ocurrió! En realidad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y alas atrofiadas. Ella nunca fue capaz de volar.
Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era el modo por el cual la Vida hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa llegar a las alas, de tal forma que ella estaría pronta para volar a su vez que estuviera libre del capullo.
Algunas veces, esfuerzo es justamente lo que precisamos en nuestra vida. Si se nos permitiera pasar a través de nuestras vidas sin obstáculos, él nos dejaría lisiados. No seríamos tan fuertes como podríamos haber sido nunca podríamos volar.

“Pedí fuerzas… y me dieron dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría… y me dieron problemas para resolver.
Pedí prosperidad… y me dieron un cerebro y músculos para trabajar.
Pedí coraje… y me dieron obstáculos que superar.
Pedí amor… y me dieron personas a las que ayudar.
Pedí favores… y me dieron oportunidades.
No recibí nada de lo que pedí… pero recibí todo lo que precisaba”.

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