El parto: II parte

El Parto: II parte
Parto Así que a las 12 de la mañana del 5 de julio de 2014, me encontraba entrando en uno de los magníficos paritorios del Hospital La Fe de Valencia. Y el paritorio en el que me tocó no era magnífico solo por sus instalaciones, si no porque tuve la grandísima suerte y privilegio de que me tocara allí con un excelente Matrón. Y sírvase este post para darle las gracias a Rafael Esteban Bañó, no sé si algún día leerá esto, pero sin duda tuve el mejor matrón que me pudiera haber tocado, y siempre le estaré infinitamente agradecida por todos sus cuidados, su respeto, su paciencia y todo cuanto me ayudó para que fuera fácil lo difícil.
La verdad que cuando llegué al paritorio (en este hospital, la sala de dilatación y paritorio son la misma) me sentía muy nerviosa e inquieta ante lo desconocido. Lo primero que hizo el matrón es conseguirme un camisón más grande porque con el que me habían dado en la habitación decía que iba muy despechugada, él me dijo que hasta que no fuera necesario no hacía falta enseñar más de la cuenta, jajjaja, la verdad que esto me dignificó bastante, después de haber enseñado tanto cacho durante estos días. El sentido del humor del matrón me tranquilizó en los primeros momentos, me invitó a ir al baño antes de acostarme en la cama, y así ya poder estar tranquila por unas horas.
Le expliqué que desde siempre me cuestan los reconocimientos vaginales, y que lo había pasado especialmente mal durante estos días con tantos tactos vaginales. El me tranquilizó y me dijo que haría solo los tactos que fueran estrictamente necesarios para saber el estado de dilatación, además me dijo que ya sabía de este problema, porque al parecer en el equipo médico o en el informe ya venía reflejado esto, cosa que me gustó, para no tener que estar dando más explicaciones.
Me contó primero de todo en qué iba a consistir la inducción al parto. Me iban a monitorizar y a poner el gotero con oxitocina, en unas horas dilataría e intentaríamos el parto natural. Me advirtió de que parecía que la bebé estuviera un poco hacia arriba posicionada, pero no obstante iríamos tratando de bajarla durante las horas de dilatación.
La primera cosa que hizo ya en acción fue hacerme un primer reconocimiento vaginal, y la verdad que lo hizo con mucha delicadeza y apenas me dolió. Me dijo que tratarían de ponerme la epidural (que ya había pedido) lo antes posible para que el resto de reconocimientos no me causaran más molestias.

Tras esto, sacó una aguja gigante y me rompió la bolsa de las aguas, esto si que dolió un poquito, pero fue soportable, durante un buen rato estuve echando agua por los bajos, pero como estaba tumbada y con los empapadores, estaba todo controlado.
Después ya me puso el monitor con las correas y empezó el gotero con la oxitocina. Empezó también el tema del papeleo, y mientras el organizaba la documentación e informes, iba dándome conversación. También entró la ginecóloga para reconocerme pero el matrón le dijo que él lo acababa de hacer y no hacía falta otro tacto en este momento, cosa que agradecí. Cuando ya había pasado una hora más o menos con todas estas gestiones ya hicieron pasar a mi marido. El trato a mi marido también fue impecable, y me gustó que en todo momento tuvimos intimidad mi marido y yo en la espera de la dilatación, apenas entraron profesionales a supervisarnos a no ser que fuera necesario, a excepción del matrón que estuvo con nosotros la mayoría de tiempo.
Durante varias horas estuve bastante tranquila, bastante relajada, y la verdad que me abandoné a las manos del equipo que me atendía, confiaba plenamente en los profesionales que me estaban atendiendo y quería seguir todas sus instrucciones.
A mi marido le dieron la tarea de sujetar un aparatito que media las pulsaciones del bebé en el monitor, y casi todo el tiempo estuvo en esa labor, además de dándome ánimos, cuidándome, tranquilizándome, y la verdad que el fue mi mayor apoyo cuando empezaron a llegar las contracciones. Con la oxitocina al poco empezaron a venir las contracciones, aunque no eran muy dolorosas, si que eran un poco molestas, pero lo cierto es que apenas las notaba, de no ser por el monitor que iba indicando cuando venían las contracciones.
Como ya no podía moverme demasiado porque estaba conectada al monitor y al gotero, el matrón me dijo que iba a vaciarme la vejiga con una sonda, la verdad que me aterrorizó la idea! Pero enseguida lo hizo sin apenas darme cuenta, no sentí nada.
Al cabo de unas horas me volvieron a hacer otro reconocimiento vaginal, y lo bueno era que iba dilatando a buen ritmo, así que todo apuntaba bien. No recuerdo bien el paso del tiempo, porque allí me abandoné y no miré el reloj en ningún momento, así que el cálculo de las horas no me las sé demasiado bien!
Solo recuerdo que cuando llevaba entre 3-4 cm de dilatación, pidieron que viniera el anestesista para ponerme la epidural. Me dieron primero el documento que tienes que firmar donde te ponen los efectos de la epidural, etc… apenas lo leí y ya hicieron salir a mi marido para que me pusieran la epidural.epidural parto
He de reconocer que este era uno de los momentos a los que más temía. Me daba mucho miedo que me pincharan en la columna, sabía perfectamente que era un riesgo y que tenía que estar completamente quieta para que todo saliera bien. Y ese era mi problema, tengo miles de cosquillas en la espalda!! De hecho aún no me había tocado y ya estaba yo saltando…además había que controlar que no me viniera ninguna contracción…ufff!! Me agobié un poco. Primero me pusieron un espray muy frio en la espalda para insensibilizar la zona, luego te pinchan un poco de anestesia y cuando está dormida la zona, ya te insertan el catéter para meterte la epidural hasta la columna y se te queda el catéter conectado y desde fuera te van poniendo más dosis de anestesia si fuera necesario.
(http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/007413.htm)
Mientras te ponen la anestesia estás sentada y con la espalda curva para que puedan encontrar bien el espacio para pincharte. Lo pasé muy mal! Pero lo consiguieron sin apenas darme cuenta y sin dolor ni nada!! Mi malestar era por controlar las cosquillas y avisar de cuando me viniera una contracción, en esto me ayudó mucho el matrón, pero por lo demás, no sentí ningún tipo de molestia ni de dolor, así que para mí, la experiencia con la epidural fue fantástica, hizo efecto enseguida, y pude descansar un rato.
Hubo también un momento que me entró frio, supongo que por los efectos de la epidural, y me taparon con una sabana, también me entró sed y como no podía beber mucho, al menos remojarme la boca si que me dejaron.
A partir de ahí me hicieron varios tactos vaginales, pero ya no sentía nada de cintura para abajo, así que ya no supuso ninguna molestia estas exploraciones.
A las 18h de la tarde me dijeron que ya estaba dilatada de 10 cm. Ya se le podía ver la cabecita a mi chica, de hecho mi marido se asomó para verla, tenía mucho pelo!
Lo malo era que todavía estaba colocada un poco arriba y había que hacer que bajara de manera natural para pasar a la fase de expulsivo. Así que empezaron varias horas en las que estuve tumbada en varias posiciones, lateral derecho, izquierdo…un poco incómodo, pero era la manera que con las contracciones pudiera ir bajando la niña. Yo sinceramente me sentía tranquila, confiando en la opinión de los médicos y dejándome llevar en todo momento. Me sentía bastante cansada ya como para cuestionar nada, además siendo primeriza y sin experiencias de ningún tipo parecido, no podía más que confiar y esperar que todo saliera bien.

el parto

Clara Bou – El Parto

Pasaron varias horas y cuando me hacían los reconocimientos me decían que seguía sin estar en la posición idónea para expulsar. Así se hicieron las 20h, y ya hubo cambio de turno, me dejó Rafa, el matrón que tan fácil me lo había puesto todo, y llegó otra compañera, llamada Ana, también muy atenta y dispuesta, pero con ella estuve menos tiempo aunque hizo muy bien su trabajo. En una de las veces que me reconoció la ginecóloga me dijo que empezara a empujar para ayudar a que bajara…así que me pasé unas dos horas empujando a ratitos para ir favoreciendo la posición de la bebé.
La verdad que empecé a llegar a mis límites de fuerzas y cansancio físico…ya no tenía fuerza después de 2 horas tratando de empujar, incluso me tuvieron que poner la mascarilla de oxígeno porque estaba exhausta.

Así que aunque no estaba muy favorable el panorama tanto de la niña porque estaba aún arriba como yo misma para realizar los pujos finales, decidieron que lo intentáramos.
Sobre las 22.30h hicieron salir a mi marido, cuando más lo necesitaba, no sin antes darme unas últimas palabras de aliento y ánimo que me dieron las últimas fuerzas que necesitaba (si no hubiera sido por él hubiera tirado la toalla, lo aseguro). Dijeron que iba a empezar la fase de expulsivo y cómo iban a instrumentalizarlo, mi marido tenía que estar fuera. La verdad que no lo entiendo mucho esto, me hubiera servido mucho tenerlo a mi lado en esos momentos complicados. Así que aquí empezaron las horas más difíciles de mi vida.
Me sentía tan cansada que era casi incapaz de pujar. Me encomendé a Dios y a todos los santos para que me dieran fuerza en ese momento de debilidad, y de ahí saqué la energía para poder empujar. Pero por mucho que yo empujara, la niña no salía.
Pusieron la ventosa en la cabeza de mi pequeña, me avisaron de cuando llegaba la contracción para poder empujar con todas mis fuerzas, lo hicimos, pero de repente sentí como la sacaban, y la ventosa hizo un sonido de vacío, y se soltó de la niña…no había funcionado, y sentí tal sensación de dolor por mi bebé, que me bloquée un poco. No quería que le pasara nada a mi hija, y no quería que le hicieran daño. Me dijeron que iban a intentar con los fórceps ya que con la ventosa no habían podido sacarla.
Así que metieron los fórceps, no sé en qué momento me hicieron la episiotomía también para intentar hacer mayor espacio para que saliera…así que de nuevo a empujar y empujar con todas mis fuerzas…y nuevamente, la niña no podía salir. Mi ánimo estaba por los suelos, sobretodo cuando me decían: “pero empuja más fuerte”, y yo la verdad que con la mascarilla de oxígeno, y después de casi 12 horas de dilatación ya no tenía fuerzas de nada…y no solamente era eso, se dieron cuenta de que la cabeza de la niña era demasiado grande para pasar por mi pelvis.
Así que aún así, lo volvieron a intentar como dos o tres veces más, empujaba y empujaba, y lo peor fue cuando una sanitaria se puso encima de mí para presionar a la vez que yo empujaba…aquí la sensación de “no puedo más” se agudizó, porque si era difícil empujar yo sola, con una chica completamente subida encima de mí, era mucho más complicado.
Al final sentí la sensación de que intentaban sacarla pero no salía lo suficiente, y sentí como que volvían a meter algo para dentro, no sé que sería ni quiero saberlo, o quizás me estaban poniendo gasas, no lo sé! Pero de repente la ginecóloga dijo: cesárea de urgencia, en un minuto en el quirófano”.
Ahí si me quedé aterrorizada, y le dije al anestesista que enseguida vino a ponerme más dosis de epidural: “por favor duérmeme entera que no puedo soportarlo”. Pero me dijo que ya no se podía, que no había tiempo para que me hiciera efecto, y me animó.
Me pusieron un gorrito en el pelo, y me pasaron a otra camilla los celadores…pero me asusté un poco más cuando de repente se escuchaba desde el pasillo: “Hemos dicho 1 minuto y ya han pasado 10 minutos, traerla ya”.
En cuestión de segundos, experimenté el mayor pánico que haya podido sentir nunca, sentí miedo por mi vida, pero lo peor, sentí miedo por perder a mi hija. Entramos rápidamente al quirófano, me pasaron a la mesa, enseguida me pusieron la pantalla en la cintura para que no viera nada, me empezaron a pinchar en los brazos, buscando de nuevo las venas para meterme algo más…me sentí sola rodeada de tanta gente…pero en medio de mi miedo, llegó la esperanza y la alegría, no había pasado ni dos minutos cuando de repente vi que mi hija ya estaba fuera, ya había nacido y el mayor alivio lo sentí cuando la escuché llorar…ahí di gracias a Dios, y empecé a llorar de emoción, de saber que ella estaba bien! Pregunté y me dijeron que estaba bien, enseguida me la enseñaron, le dije: “hija, guapa, te quiero, te quiero te quiero…”. Se la llevaron unos minutos porque tenían que hacerle pruebas, pero ya me sentí muy contenta de saber que mi hija estaba bien. Pero de repente empecé a sentirme mal, con ganas de vomitar, lo dije y me pusieron alguna medicación en la vía, y la verdad que enseguida me sentí bien de nuevo. Muy incómoda porque estaba con los brazos extendidos, y a saber que me estaban haciendo en la barriga…tardaron un ratito en arreglarme y coserme, mientras tanto pedí que por favor fueran a decirle a mi marido que todo había salido bien. Llevaba varias horas sin saber de mí, porque al final mi hija nació a las 0.08h del día 6 de julio.
En el transcurso de la operación, tuve la fortuna de tener una pequeña visita de un amigo doctor que trabaja en el hospital en otro servicio, y al ver a mi marido en la sala de espera, pasó para ver cómo estaba yo, y se lo agradeceré eternamente, fue quien me acarició en medio de tanto dolor, y quien me animó en los últimos momentos donde no podía contar con mi marido. Detalles de Dios.
Después de que me cosieran por arriba y por abajo, ya me pusieron en una cama y me llevaron a la sala de post-operatorios… en el trayecto me pusieron a mi hija en el pecho, y ya pudimos abrazarnos tranquilamente. CUANTA FELICIDAD!!! En ese momento olvidé cualquier dolor, cualquier sufrimiento, todo todo pasó a un segundo plano, cuando pude abrazar y besar a mi hija, darle mi calorcito, y poderle ofrecer mi pecho. Fue maravilloso, sin duda, el mejor momento de mi vida. Aquí ya dejaron pasar a mi marido, y los tres ya pudimos reunirnos por fin, y abrazarnos, y emocionarnos juntos por tanta felicidad que recibimos en el regalo de la vida de nuestra pequeña. Es maravilloso formar una familia, y le doy gracias a mi marido por ser tan gran marido y buen padre como lo es.el parto aprendiz de mama
Gracias por leer mi historia, sé que no es el parto perfecto ni ideal, y quizás una madre primeriza que esté a punto de dar a luz no tenga que leerlo para no asustarse, pero solo espero que sea quien sea que lo lea, pueda servirle a alguien así como a mí me ha servido para desahogarme y poner orden a tantos sentimientos y vivencias. Solo me queda decir, que pese a todo lo que haya podido vivir, y pese a lo traumático que haya supuesto para mí, lo volvería a repetir mil veces, porque es maravilloso poder dar vida, y poder recibir a mi hija que es el mayor regalo que la Vida y Dios me ha dado. Por ella merece la pena pasar cualquier sufrimiento.
Gracias por dejarme contarte mi historia.

2 Respuestas

  1. Mónica 2 años Anterior
    • aprendizdemama 2 años Anterior

Añadir comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR