En el Hospital tras el parto

estancia en el hospital tras partoTras un parto de más de 12 horas, que terminó en Cesárea de urgencia, estaba deseando poder llegar a la habitación y descansar. Para eso, eran las 3 de la madrugada cuando por fin llegábamos a nuestra habitación en la planta de Neonatos del Hospital La Fe de Valencia. Había pasado un buen rato en el área de observación tras la operación, hasta que me pasara el efecto de la epidural, y en cuanto me vieron bien para subir, lo hicieron. Ya en el trayecto iba con la niña sobre mi pecho…quizás este fue uno de los momentos más dulces que recuerdo de esas horas primeras con mi hija. Ella estaba tranquila, yo ya estaba relajada tras toda la tensión que había sufrido, así que pude disfrutar del contacto piel con piel por unos instantes.
Al llegar a nuestra habitación, por fin pude abrazar a mi madre y a mi hermana, que llevaban desde las 12h del día anterior esperando, rezando y animándome en la sala de espera. Pero se les pasó también todo el cansancio al ver a la pequeñuela…era tan preciosa! Aunque la pobrecilla estaba un poco demacrada porque también había sufrido en el parto mientras le ponían los fórceps y las ventosas, tenía varias marquitas en la cara y en sus hombros, que a la fecha todavía se le notan.
Nuestra estancia en el hospital tras el parto, empezó con una enfermera que vino a darnos ciertas instrucciones de cómo iba a ser nuestra estancia en el hospital…la verdad que con el cansancio y la tensión de que la niña empezaba a llorar, no le hice mucho caso. Mi marido tuvo que cambiar por primera vez a la pequeñuela, con la supervisión de la enfermera, y durante muchos días él fue quien se encargó de este menester, porque para mí era dificilísimo moverme.
Otra tarea que le dieron a mi marido fue que me cambiara las compresas cada media hora y que estuviera pendiente de mi gotero, ya que en cuanto terminara el gotero del nolotil teníamos que avisar para que me pusieran más medicación para el dolor.
Bueno, pues estas tareas que parecían fáciles…a las 4 de la madrugada, y con la niña llorando a tope porque por mucho que la ponía en mi teta, no sacaba nada de nada, todo se complicó!
Entró la enfermera varias veces para ver que le pasaba a la niña…pero claro, a esas horas, lo que menos relucía en el rostro de la sanitaria era amabilidad…en pocas palabras, nos dijo que no la tuviéramos tanto al brazo que o si no la malacostumbraríamos (¡¡Por favor!!), mi marido se llevó la primera bronca de la “amable” enfermera. Hicimos lo que pudimos, dormirla, calmarla, ponerla a la tetita, cantarle…en fin!! Hubiéramos agradecido un poco de ayuda de calidad por parte de las sanitarias, porque yo estaba reventada, y mi marido ya no daba más de sí mismo. Así que de repente, las compresas se cambiaron cuando se pudo, y de repente empecé a sentir un dolor tremendo, así que nos dimos cuenta de que hacía horas que el gotero estaba atascado y no salía nada…fenomenal!! Y por si fuera poco, al intentar arreglármelo yo sola en un acto sin miramiento, se me salió la vía y empecé a sangrar formando un charco en el suelo. Cuando llegó la enfermera, pensaba que nos iba a nominar con expulsión directa, le habíamos dado la noche! Y me dijo textualmente: “Tranquila maja, aquí toda la culpa la tiene tu acompañante”. Por supuesto, mi marido estaba delante, pero ella se quedó más ancha que larga.
Así que con toda esta marabunda, dormir, dormimos poco, y cuando se hizo una hora prudencial, mandamos un mensaje de socorro urgente a mi madre para que viniera a ayudarnos y relevar a mi marido.
Fue la mejor decisión, mi madre estaba deseosa de estar conmigo y ayudarme, y mi marido aunque también lo estaba, reconoció que habían sido ya demasiadas horas en vigilia y era más prudente que se marchara a casa a descansar y ducharse, y así volver con energías renovadas para poderme ayudar en un rato.

estancia en el hospital tras partoAsí que mi madre llegó lo antes que pudo, y ya se hizo ella cargo de la situación. Y menos mal!! Fue entonces cuando pude descansar un poquito, aunque las continuas entradas y salidas de sanitarios, médicos, enfermeras, pediatra…pues no dejaba dormir demasiado.
Lo bueno fue que dejamos dicho a familiares y amigos que al menos el primer día no viniera nadie a visitarnos…y eso lo agradecí porque necesitaba tomarme mi tiempo para sacarme la teta sin mirones y tener paciencia en este proceso que me estaba costando bastante.
La verdad que el primer día tras el parto…fue bastante chungo en cuanto a dolor y molestias, como me habían hecho la episiotomía y además había terminado todo en cesárea de urgencia, pues tenía puntos en mis bajos y puntos en el vientre…así que me tiraba por todas partes, lo que dificultaba que pudiera coger una buena postura para dar el pecho o simplemente cargar a la niña como yo quisiera. Además tenía la sonda de la orina enchufada y otro drenaje desde la cicatriz de la cesárea, y sumándole el gotero…total que todo esto me dificultaba muchísimo, y me entristecía no poder coger a la niña todo lo que yo quisiera, ni en la postura que más cómoda yo pudiera estar.
Se me hizo muy duro no tener la movilidad suficiente para atender a la niña…cuanto mejor necesitas estar para recibir a tu hija recién nacida, es cuando peor te encuentras y menos puedes hacer..Paradójico y para mí, fue doloroso. Pero agradezco el apoyo de mi madre y de mi marido que estuvieron ahí al pendiente de todo, y haciendo todo lo que yo no podía hacer.
Mi estancia en el Hospital tras el Parto fueron un total de 3 noches y 4 días los que pasé en el hospital. Los días suficientes para sentirte bien atendido, pero también para estar deseando llegar ya a casa.
Sentí mucho alivio cuando me quitaron la sonda de la orina, que fue como a las 6 o 7 horas de la cesárea, y el último día cuando me quitaron el drenaje, que no me lo podía ni mirar del asco que me daba tenerlo ahí colgando de la tripa. Cuando me quitaron el gotero a la mañana siguiente, enseguida me obligaron a levantarme de la cama y sentarme en el sillón, y por supuesto ir poco a poco al baño por mí misma. Hacer el acto de incorporarme de la cama y bajar para andar al sillón, fue todo un acto heroico! Que dolorazo!! Me tiraba todo!!
Así que imagínate la primera vez que fui al baño a hacer pipi en el hospital. Toda una aventura. Me tuvieron que acompañar y ayudarme a sentarme y levantarme en la taza del wáter. Por suerte el sangrado que tenía era parecido al de la regla, nada excesivo, que eso me daba un poco de cosa.
Al día siguiente por la tarde, ya me obligaron a ducharme…y fue también otra aventura,…con estas experiencias de pre y post parto, es donde una mujer pierde la vergüenza definitivamente, por supuesto no me pude duchar sola, me tuvo que limpiar mi hermana, ver todas mis intimidades y anormalidades de mi cuerpo demacrado! Pero tengo que reconocer que cuando superé esta prueba, me vino un subidón muy grande, de verme un poco más recuperada. Así que merece la pena hacer estos pequeños esfuerzos.
Luego también me obligué a ir andando por el pasillo, sobretodo porque también los pies se hinchan bastante tras el parto, y esto facilita la circulación, y la más pronta recuperación…

estancia en el hospital tras partoLo que más recuerdo como positivo es la comida que me dieron. Antes de lo que yo me pensaba ya me estaba comiendo un buen plato de macarrones o de pollo, aunque no tenía excesiva hambre, pero me dio mucha alegría ver un plato de comida rica para personas normales!

Los momentos más esperados fueron cuando venían a revisar a la niña. Cuando la pesaban por las mañanas, y los días que la lavaron. Su primer baño fue muy especial, la auxiliar que la atendió lo hizo con mucho cariño y además nos iba enseñando como tenemos que hacerlo en casa, fue un momento muy grato.
La verdad que tendría mucho más que contar sobre mi estancia en el hospital tras el parto, pero creo que lo iré contando en otra entrega, porque habría tema para rato solo hablando de la lactancia, las pezoneras y la visitas…
Otro día más!

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