No pegues a mi hija

No pegues a mi hija

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Escribo este post, como forma de desahogo. Ayer estuve a punto de tener la bronca de mi vida con una madre desconocida, pero por alguna extraña razón (quizás mi conciencia diciéndome que no valía la pena discutir) me contuve, y he optado por expresarme públicamente, que igual, vale de algo más.

De normal, mi hija se porta muy bien, es obediente, y aunque de vez en cuando tenga sus momentos de cortocircuito, modestamente, considero que sabe cumplir las normas básicas de convivencia.

La situación fue la siguiente: comiendo en un restaurante de estos en los que hay parque de bolas. Mi hija de 5 años estaba jugando al terminar de comer, todo fluía con normalidad y estábamos disfrutando de un buen rato familiar.

Me acerqué al lugar donde jugaba mi hija para controlar un poco. A primera vista, vi un cartel con las normas de la zona de juegos, donde decía claramente que los niños tienen que estar supervisados por sus padres. Pensé, menos mal, estoy aquí, vamos bien. Lo curioso, es que, de 20 niños que habría dentro del parque de bolas, yo era la única madre que estaba vigilando a su hija. Esto no es algo que me sorprenda, porque por desgracia, allá donde voy, siempre me encuentro con lo mismo: niñ@s en el parque haciendo lo que les dé la gana mientras sus padres miran a otro lado, niños en la piscina  o en la playa que no se ahogan porque Dios no quiere, niñ@s descontrolados en un bar mientras sus padres disfrutan con sus amigos adultos, o cualquier otra situación en la que los padres pasan de todo y dejan hacer a sus hij@s lo que sea, porque así ellos están tranquilamente a lo suyo (mirar el móvil o tomarse una cerveza)… así que, de momento, todo “normal”.

Mi incendio interior llegó cuando de repente veo que mi hija empieza a llorar. Observo la escena: niño de apenas 2 o 3 años pequeñito, empieza a tirarle bolas a mi hija, con muy mala leche. Mi hija intenta devolvérselas pero al verme a mí, se retiene. Empiezo a sentir un calor abrasador dentro de mí, pero me retengo y le hago señas a mi hija para que se vaya hacia otro lado y juegue en otro espacio donde ese niño no le moleste. Aún así, el niño se va detrás de mi hija, y empieza a empujarla, otra vez con mala leche, y sin ningún motivo aparente. Mi hija se queda parada llorando, y decido entrar en acción. En el transcurso en el que  yo entraba a la sala de juegos desde fuera del cristal, veo que el niño coge carrerilla y ensañándose con mi hija le pega una patada a lo ninja en toda la barriga. Mi hija se cae al suelo llorando. Y yo decido intervenir. Solo yo, por supuesto, porque los padres de ese niño pequeño, que tendría que estar mínimamente supervisado por sus padres, estaban lo suficientemente lejos como para no haberse percatado de la salvajada que acababa de hacer su hijo.

No sé que puede mover a un niño a pegarle semejante patada a mi hija… yo estuve viendo toda la escena, y ni mi hija le provocó, ni había habido discusión previa, ni había pasado nada lo suficientemente grave como para que mi hija terminara tirada en el suelo. Aunque, me digo a mi misma, y ojalá todos nos lo dijéramos: la violencia nunca se puede justificar. Nada puede justificar que alguien pegue a otro alguien.

He de reconocer, que sigo en shok por este hecho. Por suerte, mi hija solo pasó un muy mal rato, porque ciertamente le hizo mucho daño, pero sobretodo, no era capaz de entender porque ese niño le había pegado sin haber hecho nada. No tuvimos que lamentar daños mayores, pero podría haber sido el caso.

Me siento indignada, en ese momento cuando vi como ese niño tan pequeño, pegaba gratuitamente  mi hija, sentí que me arrancaban un trozo del corazón y lo hacían pedacitos.

Os cuento que entré al parque de bolas, recogí a mi hija del suelo y la consolé. Pero acto seguido, me dirigí a ese niño, y le pregunté donde estaban sus padres. Me dijo: “no te lo voy a decir”. Le expliqué que no se pega, “que sea la última vez que pegas así a mi hija y a cualquier chica” (perdón, pero en ese momento solo me salió defender a las chicas). Y le expliqué que no hay que pegar a nadie, que estaba muy mal lo que había hecho. Y su respuesta fue: “me da igual” y siguió a lo suyo. Como podéis entender, me quedé ojiplatica, y decidí salirme del lugar de los hechos para no terminar siendo yo la que pegara a nadie.  Al cabo de un rato vi que el niño se dirigió a la mesa de sus padres, que tranquilamente estaban comiendo con otra gente, y por supuesto nunca supieron que su hijo había cometido tal gamberrada, porque nunca se dignaron a levantarse de su mesa para ver que hace su hijo fuera del alcance de su vista.

No entiendo que un niño pequeño pueda tener esa maldad. No entiendo que un niño así, entienda la violencia como una forma de divertirse. No entiendo que habrá en su corazón y en su mente para ver normal pegar así a una niña.

Lo que sí que entiendo perfectamente que la responsabilidad de que ese niño se comporte así es de sus padres.

Queridos padres del niño pegón: vosotros sois los culpables de que vuestro hijo con apenas 3 años sea un agresor. Vosotros sois los culpables de que ya acose a las niñas, aunque sean más grandes que él. Vosotros sois los culpables de que no sepa medir sus energías, ni sepa que pegar está fatal. Vosotros sois los culpables de que sea un niño contestón, que no tenga respeto por otros niños, ni mucho menos por otras personas mayores, como yo.  Vosotros, con vuestra indiferencia, riéndole sus gracias, y pasando de él, le estáis convirtiendo en un niño salvaje, que en breve será muy difícil de controlar, incluso para vosotros mismos. Os recuerdo que cuando salimos a algún sitio público, los padres debemos de controlar que nuestros hijos se comporten y convivan correctamente con otros niños… con vuestra actitud pasota perjudicáis a otras familias que también queremos disfrutar. Aunque te resulte un fastidio, querido padre del niño pegón, levanta el culo de tu asiento, deja el vaso de cerveza, y ves a pegarle un ojo a tu hijo mientras juega en el parque de bolas, porque así descubrirás que tu hijo no sabe convivir con otros niños y es un pequeño destructor. Ser padre a veces implica tener que sacrificarse un poco: dejar de tener una conversación con tu pareja, dejar de echarte unas risas con los colegas, o tener que tomarte la comida en intervalos de cinco tiempos porque cada diez minutos te levantas a ver que hace tu hijo….así es la vida de dura, bienvenido a la paternidad.  Pero creo que algunos adultos prefieren seguir viviendo tranquilamente su vida de adulto y el hacer caso a su hijo, ya pasa a un segundo plano.

Querido padre del niño pegón, por último: vigila a tu hijo cuando estés en un espacio público, no confíes en que va a estar bien, no le dejes hacer todo lo que le dé la gana, se responsable, riñe a tu hijo si se porta mal, y colabora para que todos disfrutemos de los espacios públicos. En el fondo… me dais pena, porque si con tres años tenéis un niño así, no quiero pensar la adolescencia que os espera.

Por desgracia, en este tipo de sucesos mal abordados, y en la falta de educación de los padres a los niños…es donde encontramos la raíz de adultos machistas que pegan y solucionan sus problemas con las chicas de manera violenta… aquí tenemos a futuros acosadores, maltratadores y mala gente.

Queridos padres, pongámonos las pilas, no me gustaría volver a decirle a un niño que NO es el mío: “no pegues a mi hija”.

Una respuesta

  1. Ingrid 1 mes Anterior

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