¿Qué tipo de padre eres?

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El ¿Qué tipo de padre eres? lo marca el estilo educativo que empleas en tu forma de criar a tus hijos. Se trata de la forma reiterada y dominante de establecer relaciones y resolver conflictos entre padres e hijos. Se plasma en pensamientos, actos y acciones respecto a los hijos. El estilo educativo nunca es puro, aunque habrá uno dominante.

Siempre hay dos dimensiones:

1. Apoyo, Afecto, Aceptación
2. Grado de intensidad del “intento de influir” en la conducta del hijo (no siempre conseguido).

• Objetivo para todo hijo, conseguir individuación y sentimientos de pertenencia.
• Control externo. Imposición de normas, premios/castigos, o falta de control, sin disciplina, insistencia.
• Control psicológico, vía culpabilidad, intrusismo hasta una retirada de relación/afecto. El estilo no sólo lo da lo verbal, sino sobre todo lo no verbal.

Cada familia tiene un estilo diferente de educar según:

• El temperamento de los padres (nerviosos, tranquilos…)
• La propia experiencia de cómo fue educado por sus padres.
• La moda educativa, las ideas que circulan sobre aspectos educativos (de “porque me debes un respeto” a “quiero ser amigo de mi hijo”).

Aunque no hay tipos puros, conviene pensar hacia qué tipo de padres tendemos y las consecuencias que esto conlleva en los hijos.

¿Qué estilos educativos hay?

Autoritario:

  • Máximo control / mínimo afecto. Los padres como definidores únicos de las necesidades de los hijos “porque te lo digo yo”.
  • Seguimiento de normas tosco pero intenso, cumplimiento inmediato de la demanda “Ahora mismo haces…” El 60% de los comentarios a los hijos es para darles órdenes.
  • Uso frecuente de castigos físicos, verbales o reprimenda desaprobatoria “ya estás siendo… como siempre” y privaciones de privilegios, recompensas e incluso del amor.
  • Generalmente los padres tienen escasos recursos emocionales, gran dificultad para controlar los sentimientos de enfado o desaprobación hacia el hijo y lo sacan de forma impulsiva hacia el hijo, lo que dificulta la comunicación.
  • Carencia de habilidades negociadoras, comunicación unidireccional padres-hijos y ausencia de diálogo.
  • Falta de control de sentimientos, de situaciones.
  • Ignora lo normal / Controla lo excepcional / Castiga el mínimo error.

Consecuencias:

  • Puede que los hijos destaquen académicamente y puedan acatar muy bien las normas (o pueden rebelarse).
  • Se sienten culpables ante no poder cumplir todas las expectativas de los padres, volviéndose resignados, o escapan ante ello (huidas), o tienen “máscara” actuando de una manera u otra según estén presentes o no sus padres.
  • Muy rígidos y dificultad de cambiar planes…
  • Poco autoconcepto y autonomía personal.
  • Alto autocontrol pero desde fuera (modelo guardia de tráfico y en su presencia respeto las normas).
  • A corto plazo es socializador pero a la larga:
  • Tiende a sentir rencor, angustia, culpabilidad y a escapar de todo ello.

Suelen ser agresivos, si la descargan sobre sí se muestran huraños, culpables de no se sabe qué, se minusvaloran, son propensos a enfermedades psicosomáticas, úlceras, fobias, terrores nocturnos, están enfermos aunque parezcan “modositos”. Si la descargan sobre otros pegan al pequeño al que culpan de la falta de afecto de los padres para con él, en la escuela, rompiendo cosas… Y al ser así los demás se distancian más de ellos, se sienten menos queridos y aumenta su agresividad = círculo vicioso.

 

Evitativo/ permisivo:

  • Se deja que el hijo aprenda por sí mismo, “el aprenderá con el tiempo”, gran tolerancia hacia los errores ya sean leves o graves “un error lo tiene cualquiera” “ya lo hará el profesor”.
  • Se evitan conflictos, consintiendo para no enfrentarse. No hay seguimiento.
  • Más negativo cuando no hay afecto.
  • Ausencia de normas, apoyo y seguimiento de los hijos. Los padres invierten en los hijos el menor tiempo posible.
  • Delegación en otros de las pautas educativas  (Educadores, profesores, vecinos, abuelos…).
  • Indiferencia hacia actitudes positivas / negativas de los hijos, con permisividad y pasividad “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” aunque aparecen estallidos ocasionales de ira cuando los hijos se pasan demasiado.
  • No se ofrece modelo de referencia.

Consecuencias:

  • Inestabilidad, falta de equilibrio personal al no incorporar normas.
  • Inconstancia en los propósitos, dificultad de trabajo en equipo.
  • Pobres resultados académicos porque no se conoce el esfuerzo.
  • Baja autonomía personal.
  • Si además no hay afecto, muy bajo autoconcepto, buscará afecto en cualquier lugar, propensos a conductas desviadas.
  • Aprendizajes al azar o retrasos en el mismo (no hay seguimiento).

 

Asertivo:

  • Máximo afecto/control adecuado a la edad.
  • Sensibilidad hacia las necesidades del hijo y su aceptación como ser diferenciado y único (Aceptación incondicional).
  • Normas claras, con firme seguimiento mediante el uso de mandatos, refuerzos positivos y si es necesario de castigos.
  • Estimulación de la independencia de los hijos con responsabilidad y libertad adecuada a la edad.
  • Comunicación abierta y bidireccional padres/hijos.
  • Se fomenta un proceso de control externo (normas) control interno (valores interiorizados) que él vaya asumiendo.
  • En el asertivo se sabe con antelación las consecuencias del cumplimiento o no de las normas y eso no depende del estado de ánimo de los padres sino de lo hablado previamente.
  • Se valora lo normal, se refuerza lo bien hecho, se destaca lo excepcional, se ignoran las pequeñas desviaciones (como propias del aprendizaje) y se corrigen las grandes.

Consecuencias:

  • Alta autoestima, creatividad, autoconfianza.
  • Capacidad para tomar decisiones, que al elegir siempre se pierde.
  • Capacidad de relación y cooperación con los demás

 

Sobreprotector:

  • No afecto real para algunos / control afectivo psicológico. Pueden ser padres que conceden a los hijos todo lo que piden, el afecto es mínimo porque en realidad no quieren a su hijo sino a sí mismos.
  • Puede convertirse en el evitativo si los padres permiten cualquier cosa siempre y cuando se mantenga el hijo cerca.
  • Intentan controlar a los hijos por medio del afecto chantaje emocional “Tú haz lo que quieras, que yo me quedaré en casa, sola, esperándote despierta…”.
  • Se protege a los hijos de las consecuencias de sus actos, y los sufren los padres: “madre que da un “Almax” a su hijo antes de comerse un bocadillo de chistorra”.
  • Límites difusos entre roles pareja/hijo con mucha alianza madre/hijo generalmente con padre autoritario desplazado al que se ocultan cosas.
  • Se da todo al hijo aquí y ahora, no pueden soportar la frustración del hijo y se adelantan incluso a las consecuencias.
  • No quieren que sus hijos sufran lo que ellos pasaron a nivel educativo o económico, niños enfermos, ante rupturas de pareja, por sentimientos de culpa o por pasar menos tiempo con el hijo (porque los dos padres trabajan); otros padres con carencias afectivas (por ejemplo de pareja) que refuerzan el lazo con el hijo.
  • El sobreprotector se hace responsable de los problemas de los hijos, se sienten muy culpables poniendo normas y por tanto no las ponen o no las exigen y si el hijo no lo cumple se le chantajea emocionalmente o se culpa al exterior con tal de no responsabilizar al hijo.

Consecuencias:

  • Mínima tolerancia a la frustración, dificultad para la independencia, escaso autocontrol.
  • Baja autoestima, alta dependencia del medio. Sacado del ambiente familiar es incapaz de defenderse por sus propios medios, se angustia ante las dificultades, se muestra inseguro.
  • No valoración de las cosas, se lo han dado todo hecho. Egoísta e incapaz de agradecer porque ve como normal que los demás estén pendientes de él.

Esta es una clasificación de los estilos educativos, según los autores expertos en el tema podemos encontrar otros… y tu ¿Qué tipo de padre eres?

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