El reto de ser padres

Rate this post

Cuando somos padres, una avalancha de emociones, sentimientos, situaciones desconocidas…se nos vienen encima. ¿Seré capaz? ¿Por qué mi hijo se comporta así? ¡Me siento desbordado!

Hay algunas herramientas que si las usamos bien nos pueden ayudar a sobrellevar mejor la paternidad/maternidad.

  • Seguridad: porque te permite tomar decisiones y le da un terreno estable a tu hijo.
  • Paciencia: para no perder los nervios porque cualquier cosa que le digas o le muestres no calará la primera vez, o ni siquiera las cincuenta primeras veces.
  • Disciplina: o la habilidad mental de comprender qué es necesario para crear el cambio.
  • Perseverancia: para ser coherente.
  • Energía y compromiso para abordar los retos y mantenerte en el camino.
  • Capacidad de previsión para que puedas proporcionar la estructura que los niños ansían, y también para evitar problemas.
  • La perspectiva te ayuda a ver el panorama general, y a saber que esta fase de la vida de tu hijo no durará para siempre.
  • El sentido del humor, encuéntralo en la repetición de todo, porque es el contrapeso para la monotonía de la rutina.

Sobre todo, una de las cosas más importantes es el Descanso de los padres. Es el mejor consejo para ser un buen padre: descansar, no robar horas de sueño bajo ningún concepto.

Cuando estás descansado, es menos probable que pierdas los nervios y tendrás más energía para relacionarte plenamente con tu hijo. No puedes tener paciencia, perspectiva, energía o humor suficientes sin dormir lo necesario.

Si no duermes lo suficiente, es como si solo cargaras tus pilas parcialmente. Afecta a tu piel, tus uñas, a tu pelo y a tus niveles hormonales. No puedes esperar tener la energía que necesitas cuando tienes la batería a mitad cargar. Tú necesitas dormir. Dormir es una prioridad para tus hijos; tienes que convertirlo en una prioridad para ti también.

¿Cuántas horas duermes cada noche? Los expertos afirman que los adultos necesitan entre siete y nueve, siendo siete el mínimo absoluto.

Si no duermes lo suficiente… ¿Por qué ocurre eso? ¿Estás intentando hacer tareas de la casa después de acostar a los niños? ¿viendo la tele? ¿Te levantas por la noche porque el niño está desvelado?

Descubre qué es lo que se interpone en tu descanso y pon un plan en marcha: apaga la televisión, comparte una mayor parte de la carga con tu pareja, prioriza y controla el tiempo con las tareas de la casa (recuerda que no hay que hacerlo todo cada día); apaga antes las luces; emplea la técnica de “quedarse en la cama” con tu hijo. Haz lo que haga falta para garantizar que descansas lo necesario.

Por otra parte, te invito a no perder la conciencia de cada instante que vives con tu hijo. Al principio cuando naces, se nos hacía fácil registrar (a veces incluso con fotos) cada momento, cada sonrisa, gesto, balbuceo… conforme crecen, y vamos detrás de ellos a todas partes, esta sensación interna a veces va desapareciendo y llegan las prisas por todo: corriendo a la guardería, corriendo a comprar, corriendo a vestirlo…

Pero, los momentos verdaderamente especiales pasan cuando menos te lo esperas. Y son esos momentos y los ratos tranquilos los que tenemos que conservar, ya que te tocan el corazón de una manera maravillosa.

Cuando se van haciendo mayores, aparecen los problemas de comportamiento, las rabietas… Ante tantas situaciones que surgen en el día a día, es fácil sentirse abrumado: se comporta mal, la disciplina provoca lágrimas en los niños, te sientes como un fracasado… Párate a pensar, cuál sería el origen del problema, del mal comportamiento de tu hijo.

Puede ser que… ¿El niño esté cansado? ¿ha habido algún cambio de rutinas en vuestro día a día? ¿Alguno de vosotros está trabajando mucho últimamente y lo echa de menos en casa?… intenta descifrar la raíz de lo que le está sucediendo a tu hijo. Guarda la energía para solucionar el problema, no la malgastes preocupándote antes de tiempo, chillándole o castigándole de manera desproporcionada.

Sé realista y tómate tu tiempo.  No podemos abordar todos los “problemas” o situaciones al mismo tiempo, hay que tratar de priorizar aquella situación que al resolverse facilitará que el resto de cuestiones se desencadenen favorablemente con mayor agilidad.

Por ejemplo.  Si hay que lidiar con el sueño, hábitos alimenticios y la retirada del pañal, lo primero que habría que controlar, a mi modo de ver, sería el tema de los hábitos de sueño. Si toda la familia está falta de sueño y no descansan bien, nadie tiene energías para hacer nada más durante el día. Una vez se controle el sueño, seguro que se empezará a comer mejor y entonces, se podrá abordar de manera más serena la retirada del pañal. Si come y duerme de forma regular nuestro hijo, quitarle el pañal será más fácil porque puedes ver que los patrones y el entrenamiento para ir al baño los acoge mejor.

Los niños tienen una gran capacidad de aprendizaje, y además aprenden rápido. Si les enseñas algo constantemente, lo aprenden. Incluso si ya se les han enseñado malos hábitos, su cerebro y su comportamiento pueden volver a entrenarse con rapidez.

Enseñamos a nuestros hijos a través de las cosas que decimos, pero sobretodo ellos aprenden de lo que hacemos, de nuestra manera de actuar, de comportarnos en los lugares y con los demás, ellos lo graban todo, siguen nuestro ejemplo. ¿Estás propiciando un comportamiento positivo?

A ojos de tu hijo, tú lo eres todo. Tu eres la persona a la que recurre y admira por encima de cualquier otra figura. Eres la persona en la que se fija para todo, desde los modales en la mesa hasta cómo lidiar con las emociones. Aprende todo de ti.

Cuando tú te sientes triste, enfadado o desanimado, es algo natural…como padres y personas humanas, debemos de permitirnos tener este tipo de sentimientos, estas emociones que experimentamos, nos pertenecen. Pero la manera en la que manejamos estos sentimientos, marca la diferencia a la hora de inspirar el mal o buen comportamiento en nuestros hijos.

¿Cómo puedes mostrarle a tu hijo que hay otras formas de lidiar con el enfado y la frustración, más allá de los gritos? Primero: no chilles, no pierdas el control. Si estás enfadado, dile que estás enfadado, pero también coméntale lo que vas a hacer para sentirte mejor, para dejar de estar enfadado.  Si estás muy enfadado y sientes que no puedes controlar tus emociones, respira profundamente y márchate a otro lugar. Ello te proporciona espacio para calmar tus emociones y ordenar tus pensamientos, así no perderás el control de ti mismo.

También es importante ser consciente de lo que se dice y hace, porque los niños lo perciben todo. Ven, oyen y sienten todo lo que sucede a su alrededor, y más si tiene que ver con su familia. Es entendible que a veces los padres se sientan abrumados o sobrepasados por algunas situaciones. A veces intentan proteger a sus hijos ocultando sus emociones. Sin embargo, como los niños están tan conectados a los padres, se dan cuenta de que algo no está bien, incluso a veces te lo dicen: “qué te pasa? Por qué estás triste?” o incluso salen de la nada para darte un abracito o un besito, como intentando animarte o consolarte. Y piensas: “lo necesitaba, ha sido precioso”.

En los últimos años, los investigadores han descubierto una estructura cerebral llamada “neurona especular”. Estas células cerebrales especiales reflejan, literalmente, los sentimientos de la gente que hay alrededor. Si estás enfadado, tu hijo lo siente. Siente tu tristeza, tu impaciencia, tu felicidad y tu alegría.

No estamos diciendo que te pongas a hablar con tu hijo de todos tus problemas, ya que hay cosas que no es apropiado que los pequeños sepan ni tienen porque ser partícipes de las cosas de los mayores.  Pero sobretodo, lo que tenemos que transmitirles a los niños es que lo que esté sucediéndose, no es problema de él, no es culpa suya tu tristeza o malestar. Es importante reconocer los sentimientos, pero también hacerle saber a tu hijo, que todo estará bien, todo mejorará.

Si estás triste, puedes decirle a tu hijo: “Mamá está un poco triste hoy, pero todo se solucionará”. Le estás diciendo, que su percepción es correcta- cosa que es importante que comprenda y aprenda a reconocer las emociones- , pero también le estarás enseñando que estás capacitada para solucionar esa situación y que tienes el control para poderlo superar. Le transmitirás esperanza.

En definitiva,  hay algunas claves que nos pueden ayudar en los primeros años de la infancia de nuestros hijos:

  1. Comunicarse claramente
  2. Adoptar una mentalidad positiva
  3. Repetir una y otra vez
  4. Ser coherente
  5. Alentarles
  6. Establecer rutinas
  7. Tener expectativas realistas
  8. Establecer limites

Poco a poco iremos hablando sobre todas estas cosas y más!!!  ¡¡Ánimo papás y mamás!! La paternidad/maternidad es la mejor aventura en la que el ser humano puede verse envuelto.

  • Fuente bibliográfica consultada: “Contaré hasta tres” Jo Frost.

Añadir comentario