Ser madre de Acogida

acogida tempranaHoy os quiero presentar a mi amiga Maria, una mujer que junto con su familia ha tomado la decisión de ser Familia de Acogida en Valencia. Una decisión complicada pero maravillosa, una iniciativa muy solidaria, muy necesaria, y para mí, una decisión admirable. Conozco desde hace años a Maria, y su marido Jose, son padres de tres hijas preciosas y encantadoras, pero ellos sentían que todavía tenían que estar abiertos a la vida, a tener otro hijo más… y a partir de aquí, ya os cuenta la historia mi amiga, espero que abrais el corazón y leais este testimonio de lo que significa ser Madre de Acogida, que a mí me ha emocionado.

 

Todo empezó cuando hace 4 años, perdí un embarazo de 10 semanas de gestación. Lo llevé fatal, tenía 42 años en ese momento, el embarazo no se había fijado bien, estaba en el cuello del útero y el bebé no siguió adelante cuando empezó a hacerse grande. Lo perdí, me hicieron un legrado y fue muy doloroso. Siempre estuve abierta a la vida, y yo quería tener otro bebé. Aunque ya tenemos tres hijas, pero mi marido y yo teníamos claro que queríamos tener otro hijo, y seguimos abiertos a la vida, aunque no han venido más ni parezca que vayan a venir.
Un año después aproximadamente, de esta pérdida, lo pensamos y nos decidimos a realizar la adopción de un bebé con Síndrome de Down. A mí me atraía poder ayudar a este tipo de personas, creo que están en el mundo por algo especial, y allí donde están brillan por su manera de ser, por su cariño…y aunque tengan complicaciones físicas, queríamos ayudar a este tipo de niños, y darles una oportunidad , así que intentamos adoptar. Empezamos todos los trámites y pruebas para la idoneidad, y superamos todas las fases. Pero se planteó una dificultad en ese momento. Nuestra hija adolescente no estaba muy preparada para tener en casa un niño síndrome de down, tenía miedos y nos aconsejaron que no era muy acertado adoptar en esas condiciones a un bebé de estas características. Siguiendo los consejos de las psicólogas que nos entrevistaron, lo descartamos por no ser conveniente, lo dejamos en espera, más bien.
Pero yo en esos momentos sentí que era otro duelo para mí, igual que el duelo del hijo que perdí con el aborto espontaneo. Para mí también era una perdida dolorosa, renunciar y/o perder un futuro hijo que íbamos a adoptar. Yo me quedé muy mal. No lo podía superar. Sentía que estábamos llamados en mi familia a tener otro bebé, a ayudar, a volver a experimentar la maternidad y crianza de un hijo pequeño…y entonces pensamos que podíamos intentar algo.
Durante el proceso de idoneidad para la adopción, nos hablaron de otro recurso que podíamos hacer como familia. El acogimiento familiar. Es algo muy importante para los niños que no tienen la suerte de tener unos buenos padres, o de nacer bajo unas circunstancias en las que nunca van a poder ser adoptados, pero tampoco pueden permanecer con sus padres biológicos, al menos de forma temporal. Son niños destinados a vivir en centros de acogida, o si tienen un poco de suerte, en el calor de una familia que les pueda acoger en su casa durante un periodo de tiempo.
Son niños cuyos padres están enfermos, tienen problemas graves económicos o de cualquier otro estilo que les impide ejercer como padres, o bien están en la cárcel, etc…
Entonces estos padres no se merecen que les quiten a sus hijos de por vida, si no que puedan cuidar a sus hijos, mediante los mecanismos estatales que lo permitan, y así cuando vuelvan a tener una estabilidad familiar, poderlos recuperar de nuevo.
Y de la misma manera, hay niños que tampoco se merecen volver con esos padres, ya que no son los adecuados para velar por su bienestar, y en el caso de no tener familia extensa que les pueda acoger, están destinados a pasar sus vidas en centros de menores, ya que por temas legales, no pueden ser adoptados con tanta facilidad. Siendo paradójico porque hay muchas parejas que están en lista de espera años y años para poder adoptar a un hijo.

La vida de estos niños en las residencias, no es nada fácil…tienen que convivir con otros niños de otras características complicadas, con problemas de maltrato, con minusvalías, problemas de comportamiento…y aunque en las residencias intentan facilitarles al máximo la vida a los niños, todos sabemos que no es lo idóneo.
De normal, se intenta que los niños de 0 a 5 años no estén en residencias. Porque los niños a esas edades necesitan mayores apoyos, mayor cariño, mayor seguridad y estabilidad. A esa edad necesitan un papá y una mamá…a todas las edades, pero especialmente a esa edad. Es importante para el adecuado crecimiento del niño que tengan la seguridad de un hogar estable, para desarrollarse bien psicológicamente y emocionalmente. Necesitan un vínculo afectivo muy fuerte, que en las residencias, aunque las monjitas y educadores se esfuercen en dar cariño, nunca se comparará con el calor de una familia a tiempo completo.
Así que al concienciarnos de esta realidad, nos dimos cuenta que nosotros podíamos ser familia acogedora. Con la particularidad de que nos gustaría poder acoger a un bebé.
Queríamos un bebé no para verlo crecer y estar con él muchos años, si no para poder estar con él el tiempo necesario hasta que se encontrara a su familia adoptiva…igual podían ser dos o tres meses, que un año…lo que fuera, pero queríamos en definitiva, poder alcanzar a cuidar a muchos bebés!.
El acogimiento que nosotros queríamos hacer, es un acogimiento familiar simple con familia educadora. El Estado nos lo entrega un bebé de manera temporal, hasta que se realiza el trámite para que otra familia adopte a este niño de manera legal, o la situación se estabilice con los padres o haya familia extensa que se haga cargo.
Nosotros nos apuntamos en la Consellería de Bienestar Social para poder ser familia acogedora. Volvimos a pasar una serie de fases y trámites parecidos a los que pasamos con la Adopción. Tests psicotécnicos, entrevistas, reuniones… finalmente nos dieron algo parecido a la idoneidad para poder acoger. El reconocimiento de ser familia acogedora. Esto fue en mayo de 2014, y desde entonces, estuvimos a la espera de que nos llamaran para poder recibir algún bebé en acogida… y por fin, en septiembre nos llamaron de Consellería diciendo que tenían una niña de 6 años con un poco de retraso (nosotros en nuestra solicitud dijimos que podíamos acoger a niños pequeños con minusvalías). Nos costó mucho tomar la decisión. Lo valoramos, y vimos que iba a ser un poco problemático ya que nuestra hija pequeña tenía la misma edad, y no iba a aceptar de buen agrado esta nueva inclusión en nuestra familia, y queriendo hacer un bien, iba a ser contraproducente. No queríamos que nuestra hija se sintiera desplazada ni que la viera como una intrusa, o que buscando la adaptación de una nueva niña en casa, fuera nuestra propia hija la que no se sintiera a gusto. Es bastante más complicado de lo que parece todo esto, ya que está en juego la estabilidad familiar, y todos los miembros tienen que ir a una en esto de los acogimientos. Esto nos dolió muchísimo, porque se nos deshizo el corazón al no poder ofrecer esta ayuda que se nos pedía, pero teníamos claro también que no podíamos crear un conflicto familiar.
Tuvimos que decir que no, tras unos días de discernimiento. Aunque luego nuestra hija pequeña cuando se enteró de que habíamos renunciado por estos motivos, lloraba porque decía que no le hubiera importado, ella no lo entendía. Pero en ese momento valoramos que no era conveniente atender a un niño que viniera con una mochila considerable de desarraigo o maltratos,…ya que mis hijas no estaban acostumbradas a este tipo de situaciones y hubiera sido complicado la adaptación. Quizás más adelante cuando ya estén más acostumbradas o sean más mayores, podríamos asumirlo.images
Así que seguíamos a la espera de poder recibir a un niño en nuestra casa, a ser preferible, un bebé. Yo necesitaba un bebé, necesitábamos un bebé en casa. Necesitaba acunar un niño pequeño en mis brazos, dar biberones, …necesitaba ese periodo de crianza tan especial.
Al poco tiempo volvieron a llamarnos para ofrecernos un bebé, esta vez sí. Y entró en mi casa lo más bonito que hemos tenido en mucho tiempo! No solamente era un hijo que venía a ocupar un vacío que teníamos, si no que era un niño muy necesitado que venía de una familia con muchos problemas, padres toxicómanos , que habían renunciado a él.
Fuimos al hospital a recoger a Manuel recién nacido. Tenía quince días cuando nos lo llevamos a casa. Era precioso. Un niño mulato maravilloso. Había pasado quince días de abstinencia el bebé, porque su madre no había tenido ninguna revisión durante el embarazo, y seguía consumiendo. Estuvo quince días llorando, desesperado, con morfina, porque estuvo todo el periodo de gestación recibiendo la droga que se tomaba su madre.
Cuando nos lo entregaron, notamos que de vez en cuando tenía espasmos y también comía con mucha ansiedad los biberones, produciéndole mucho hipo. También tenía diarrea. El niño aún tenía el sistema nervioso dañado, no distinguía el hambre de la abstinencia, etc…
Nos advirtieron al entregárnoslo que íbamos a tener mucha faena de brazos, pero precisamente brazos es lo que nos sobra en mi casa. No solo de mis hijas y mi marido, si no de nuestra familia, mis amigos, cuñados, hermanos… todos estaban locos por nuestro “negrillo”.
Ha sido un regalo todo este tiempo. Una experiencia maravillosa. Poco a poco se le fueron quitando los espasmos. Hemos ido viviendo con él todo un año. Ha estado 13 meses con nosotros. Ha sido bárbaro, precioso. Gratificador a más no poder. No ha habido ningún agobio pensando en contagiarnos por la hepatitis que pudiera tener, no ha habido ascos para cambiar pañales, ni siquiera de mis hijas. Todo el mundo en casa se ha volcado con Manuel. Mis hijas estudiaban con él en brazos. Los niños en la parroquia hacían cola para cogerlo al brazo. Siempre estaba en brazos de todo el mundo! Cada día se ponía más bonito, todos querían estar con el y decirles cosas.
Ahora es un niño mulato, precioso, con unos ojos grandes, pestañas, precioso, sonriente, feliz. Que siempre ha sido luz. Una luz inmensa. Tenía una vitalidad a la que yo no estaba acostumbrada por ser chico (nuestras hijas son chicas). Me tocaba corregirle cuando nos mordía, o estiraba del pelo…
Lo hemos entregado con 13 meses, y apenas decía 4 o 5 palabras, ha hablado muy poco. Pero a los 7 meses gateaba rapidísimo, tenía mucha fuerza. Ha andado antes del año. Ha sido un niño sanísimo. No ha tenido enfermedades. Al principio la pediatra nos advirtió de que con el historial que tuvo al nacer podría haber tenido muerte súbita o haber tenido dañado un montón de cosas. Pero Dios nos ha bendecido con un niño sano, feliz, bueno, divertido, cariñoso a más no poder, que ha llenado esta casa con sus risas y sus llantos, con sus tiempos, con su necesidad de atención.
Ha sido precioso, una experiencia única. Pero sobretodo sabiendo el bien que le hemos hecho a Manuel en su primer año de vida.
Desde aquí quiero animaros a todos a que hagáis este tipo de experiencia, si está en vuestras posibilidades. Aunque sea fines de semana, vacaciones, o el tiempo que haga falta.
La parte negativa es que finalmente el niño se tiene que ir, pero es algo con lo que ya contábamos. La parte positiva es que ahora se ha ido con sus padres adoptivos. Estamos encantados porque son unos padres maravillosos, cariñosos, que han estado 8 años de espera para poder recibir a su hijo, y lo quieren con locura, están muy agradecidos a nuestra familia por la labor que hemos hecho. Y es curioso porque todos nos dicen la gran labor que hemos hecho, pero realmente, a nosotros no nos ha costado nada! Al revés…esto ha sido un REGALO, lo volvería a hacer mil veces, y estoy a la espera de que nos den otro bebé, al que seguir cuidando y amando. No puedo tener los brazos vacíos.
Esto “engancha”, y lo sé, porque estamos en contacto con otras familias acogedoras que hacen lo mismo, hemos hecho una piña. Hemos creado una plataforma de familias acogedoras donde nos ayudamos. El Estado cada vez está más concienciado de este recurso y ofrece más ayudas a las familias acogedoras para que se haga bien. Hay ayuda psicológica, médica, hay ayuda económica. Se puede recibir una ayuda de 12€ al día por tener en acogida a un niño. No es mucho, pero al menos para poder las necesidades básicas cubiertas (leche, pañales, ropa…).
Cuando me entregaron a Manuel yo no tenía en casa nada. Más que un carrito y un cuco. Como nos lo dieron de un día para otro, tuve que ir a Cáritas a pedir ayuda. Me echaron una mano las monjitas de la parroquia y me dieron ropa y algunas cosas que me vinieron muy bien. También hice un llamamiento vía watsup a mis amigos a ver si me podían dar alguna cosa más…y me llovió de todo!! Tronas, carros, hamaquitas, sillas de coche, juguetes, ropa…ahora tengo un stock enorme tanto de niño como de niña!! A la espera de que nos den un nuevo bebé…
Boy paintingEsto es ilusionante, es un servicio precioso, no cuesta. No cuesta porque realmente es fácil querer a estos niños. Son niños que acoges como hijos tuyos.
Desde aquí hago un llamamiento a todos los padres que tienen hijos, a los que no tienen, a la gente mayor que está sola… estos niños nos necesitan. Es mejor que estén en una casa con una familia, que en una residencia. A esta edad los niños crean sus conexiones neuronales, se crean sus hábitos familiares, los hábitos de amar, se crean buenas personas.
Si somos un poco solidarios, y no miramos a otro lado, y si no decimos “yo no podría”…Si yo he podido, cualquiera podría. Claro que me duele haberme despedido de Manuel, estoy pasando un nuevo duelo. Y claro que me duele, y me acuerdo, y lloro. Pero esas cicatrices pasarán, y tendremos la oportunidad de ayudar a un nuevo niño.
Toda esta experiencia ha hecho crecer a mi familia. A mis hijas les ha dado una educación y un ejemplo muy bueno, para que aprendan a ayudar, a no mirarnos a nosotros mismos solos, a no ser egoístas…
Yo no me quiero poner de ejemplo de nada, porque para mí ha sido muy fácil. lo que quiero es animar, es algo fácil, bonito, muy positivo..quizás no nos podemos ir a las misiones y hacer cosas muy grandes, pero con estos pequeños gestos si que ayudamos a crear un mundo mejor. Ayudamos a que nuestros hijos cambien la manera de ver la vida, ayuda a la pareja, ayuda a los que no tienen nietos, a los que no tienen hijos… ayuda a muchas cosas!. Sobretodo es súper gratificante seguir teniendo contacto con los niños y ver como crecen, y descubrir que el esfuerzo que hicimos, ha servido de mucho.

Gracias por haberme atendido!!

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